En primer lugar cabe hacer notar que, en todo
lo concerniente a la Ley de Trascendencia o Suddha Dharma, no existe
una cosa denominada filosofía, tal como se la conoce en Occidente.
En la India se le llama Suddha Dársana, lo cual significa
“revelaciones provenientes de la percepción directa”,
mientras que la filosofía elabora sus teorías con
conceptos abstractos basados en lo particular, son inferencias que
determinan generalizaciones, las cuales pueden ser de aplicación
práctica, como probabilidades solamente, pero nó posibilidades.
Dársana, como resultado de la percepción directa de
la realidad, postula sus generalizaciones para indagar lo particular
en términos de Causa y efecto, de manera que la precisión
y exactitud llegan a ser su distintivo característico. En
otras palabras, mientras que en la filosofía, Dios, como
concepto en el mejor de los casos es una probabilidad inferida,
semejante concepto en el dársana no es una probabilidad,
sino una realidad de la percepción directa por aquél
que disfruta de la experiencia o dársana. De modo que, mientras
religión y filosofía son inseparables en el pensamiento
Hindú, en el Occidente se les trata por separado, y es por
eso que el conflicto entre ambas, está siempre presente.
Así pues, la religión en Oriente, debe comprender
la filosofía, los principios y práctica de la conducta
humana y su actitud en relación al individuo y a la sociedad,
y en relación a la vida total que compenetra y activa el
Cosmos. Estos principios, práctica y filosofía se
aplican tanto a lo temporal, como a la existencia y experiencia
espiritual; siendo así, la actitud para el estudio y comprensión
de semejante religión ha de ser, necesariamente de carácter
integral. El Suddha o Sanátana Dharma da un ejemplo preeminente
de semejante actitud. La expresión Suddha Dharma significa
la “Ley de Trascendencia”, que resulta de la síntesis
de espíritu y materia, funcionando conjuntamente en el proceso
evolutivo mundial que continúa eternamente.
El primer postulado del Suddha Dharma Mandalam es lograr el estado
de Trascendencia Divina, cuya naturaleza inherente trasciende sus
propios aspectos mundiales, es decir, la manifestación con
formas (cualitativo) y la inmanencia (sin cualidades). El aspecto
con formas de Brahm (Jerarquía) constituye la finalidad desde
el punto de vista del aspirante, siendo el resultado de sus propios
esfuerzos en el proceso evolutivo. Con la sublimación de
las cualidades inherentes a la materia (actividad, inercia y equilibrio),
se logra el estado de testigo.
El ideal de los empeños hechos en la vida evolutiva, conducen
al logro de la trascendencia del aspecto manifestado (Suddha-Brahm).
La filosofía del Suddha Dharma se basa en el análisis
de esfuerzos, es decir la activación de las tres cualidades
asociadas a la vida y también superándolas en Yoga
(Srimad Bhagavad Gitá es el texto por excelencia que enseña
el proceso de trascender las cualidades materiales). |